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La Fundación Garabatos Azules impulsó Garaboo, una iniciativa surgida de la transformación de sus actividades de cierre de año, como respuesta a las afectaciones ocasionadas por el sismo del 10 de agosto de 2026 en el Valle del Cauca.

 

Según la organización, la propuesta nació de la convicción de que “la infancia necesita espacios para jugar, reír y soñar, incluso en medio de las dificultades”. La primera experiencia se desarrolló en Buenaventura.

 

De acuerdo con la fundación, la idea surgió al reconocer que, tras la emergencia, muchas familias tuvieron que concentrar sus esfuerzos y recursos en recuperar sus hogares y atender sus necesidades más urgentes. En ese contexto, numerosos niños también perdieron sus juguetes y los espacios de diversión que hacían parte de su cotidianidad, situación que motivó la búsqueda de una alternativa para acompañarlos.

 

Con ese propósito, la entidad decidió no esperar hasta la Navidad para llevar un motivo de alegría a los menores y optó por aprovechar la celebración de Halloween. La fundación planteó que el objetivo era acompañarlos y recordarles que, “a pesar de las circunstancias, siguen teniendo derecho a disfrutar de su infancia”.

 

Para esta primera jornada, Garaboo llegó al barrio Lleras, en Buenaventura, una de las zonas que requirió especial atención por las afectaciones del sismo. Según la organización, allí las familias más vulnerables también sintieron las consecuencias del fenómeno, razón por la cual el sector fue seleccionado para realizar la actividad.

 

A la iniciativa se sumó el abogado Fabián Angulo, quien acogió la propuesta y, según la fundación, se convirtió en “un aliado fundamental” para hacerla realidad. Con el respaldo de voluntarios, colaboradores y personas que creyeron en el propósito, se fueron reuniendo esfuerzos, recursos y voluntades para estructurar una jornada pensada alrededor de los niños.

 

El 31 de octubre de 2026, Garaboo reunió a 100 niños del barrio Lleras, quienes fueron apadrinados para recibir un regalo y participar en una mañana de recreación. La programación incluyó juegos, dulces, sorpresas y espacios para compartir entre los asistentes, en un ambiente dispuesto para el disfrute de los menores.

 

La organización indicó que cada detalle fue planificado para ofrecer una experiencia segura. Además de las actividades recreativas y la entrega de obsequios, se contó con acompañamiento en salud y personal de apoyo, con el fin de cubrir distintos aspectos de la jornada y “brindar tranquilidad a los niños y sus familias”.

 

Frente al alcance de la actividad, la fundación sostuvo que el propósito “iba mucho más allá de entregar un juguete”. Según explicó, se buscó ofrecer una mañana para correr, jugar, reír y compartir con otros niños, y que por unas horas pudieran dejar a un lado las preocupaciones que han acompañado a sus familias después de la emergencia.

 

La Fundación Garabatos Azules agradeció a la comunidad del barrio Lleras, a las familias, al abogado Fabián Angulo y a quienes aportaron tiempo y recursos. Aseguró que esta es “apenas una primera experiencia” y expresó su expectativa de que sea el comienzo de nuevas iniciativas en Buenaventura y el Valle del Cauca, bajo el mensaje de que “la infancia merece ser cuidada, acompañada y celebrada, incluso en los momentos más difíciles”.

 

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